Carlos Freyre, embajador de la 6ª Edición de Cuna de Viajeros y motero de vocación, nos comparte su ruta explorando nuevos horizontes a lomos de la BMW R 1300 RT, disfrutando de cada kilómetro con la experiencia de toda una vida sobre dos ruedas.
El día arranca en La Calahorra, con el Castillo del Marquesado recortado sobre el altiplano como una postal inmóvil antes de empezar a rodar. A los pocos kilómetros, la carretera se eleva hacia Sierra Nevada y todo cambia: el paisaje se vuelve más verde, el aire más frío y las curvas empiezan a marcar el ritmo.
La transición se siente en el cuerpo casi sin darte cuenta. El terreno deja de ser previsible, la carretera empieza a insinuar lo que viene y la moto responde con esa suavidad que invita a confiar. El horizonte se rompe en capas de montaña y, poco a poco, el entorno se impone. Ya no hay referencias urbanas, solo naturaleza, asfalto y esa sensación de estar entrando en algo que merece ser recorrido con calma.

El ascenso al Puerto de la Ragua es de esos que se disfrutan sin prisa. Curvas amplias al inicio, vistas abiertas y una sensación constante de avanzar hacia algo más grande. Arriba, a más de 2.000 metros, el silencio lo envuelve todo. Solo la carretera, la montaña y la sensación de estar lejos de todo.
A medida que se gana altura, el paisaje se transforma por completo: los tonos áridos dan paso a pinares y praderas abiertas, el aire se vuelve más frío y limpio, y la carretera fluye con naturalidad, permitiendo anticipar cada curva y mantener un ritmo constante. En la cima, el tiempo parece detenerse; el viento, las vistas y la calma convierten este punto en uno de esos momentos que justifican por sí solos toda la ruta.

La bajada hacia Laroles obliga a cambiar el chip. El asfalto ya no es perfecto y la carretera se estrecha, pero ahí es donde empieza lo interesante: leer cada curva, ajustar el ritmo y dejarse llevar. Poco a poco, la montaña se abre y el paisaje cambia, dejando atrás la alta montaña para dar paso a un entorno más amable y verde.

El tramo del Barranco del Poqueira es, sin duda, el momento clave del día. Curvas cerradas, pueblos blancos como Capileira y Pampaneira asomando entre la vegetación y una carretera que exige atención pero recompensa cada metro. Aquí todo fluye: moto, paisaje y sensaciones.
Tras la parada en Pampaneira, con un buen plato alpujarreño sobre la mesa, la ruta continúa hacia Órgiva. El ambiente cambia, el clima se suaviza y la carretera se abre, permitiendo un ritmo más relajado. Es el preludio perfecto para el regreso.
La vuelta por las carreteras altas de la Alpujarra es pura conexión: curvas amplias, vistas constantes y esa luz de tarde que lo envuelve todo. Sin tráfico, sin prisa, solo el placer de rodar.

El día termina en el Molino de Enmedio, en Huéneja. La moto descansa, el cuerpo también. Y mientras cae la noche, queda la sensación de haber recorrido una de esas rutas que no solo se hacen, sino que se viven.
Rutómetro
Itinerario
Calahorra – Puerto de la Ragua – Laroles – Trevélez – Capileira – Pampaneira – Órgiva – regreso por la Alpujarra alta – La Calahorra
- Ruta total: 200 km
- Época recomendada: Primavera, verano y otoño.
Puntos de interés
- Castillo de La Calahorra
- Puerto de la Ragua (2.041 m)
- Laroles
- Trevélez
- Barranco del Poqueira
- Capileira
- Pampaneira
- Órgiva
Hoteles recomendados
-
Hotel Boutique Molino de Enmedio – Huéneja, Granada
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